Me llamo Adriana, soy una chica morena, de ojos verdes y un cuerpo de escándalo. Les voy a contar lo que me sucedió una tarde de Mayo, en un apartamento del centro.

Hasta el momento yo había cogido con decenas de hombres en mil situaciones, incluso con varios a la vez, pero aquel día disfruté del sexo como nunca. Por la mañana había recibido una llamada de un amigo, Carlos, que me invitaba a ir esa misma tarde a casa de Eva, una chica Argentina que acababa de llegar a la ciudad y necesitaba conocer gente.

Así que acudí a la cita llevando solamente un vestidito corto con gran escote, pues hacía mucho calor y, todo hay que decirlo, iba dispuesta a “comerme” a Carlos. Llegué al piso indicado y toque el timbre. Pronto salió a recibirme una chica alta y rubia, llevando una camiseta semitransparente que dejaba ver unos senos redondos y de grandes pezones.

Un poco cortada de la voz le pregunté:
- ¿Eres Eva, verdad?
- Si, pasa cariño – respondió con acento Argentino
- Carlos está aquí.

En efecto, Carlos estaba tumbado en una cama redonda, desnudo, tocándose su miembro, me explicó que quería realizar su fantasía: Cogerse a dos mujeres cachondas, una rubia y otra morena.

Acepté con mucho gusto y me quité el vestido. No tenía nada por debajo, así que me coloqué en la cama a la derecha de Carlos. Luego, Eva se desnudó y se sentó a su izquierda, Carlos empezó metiéndonos los dedos en nuestras vaginas, ambas perfectamente depiladas, con una mano en cada mujer. Después me coloco de perrito y me la metió bruscamente mientras se comía los pechos de Eva. Entonces, Carlos nos pidió que nos besáramos las dos, mientras el nos la metía alternativamente. Luego pidió que se la lamiéramos juntas y eyaculo en seguida en nuestras bocas. Dijo que tenía prisa, que por hoy bastaba, se vistió y salió corriendo, dejándonos a las dos desnudas en la cama.

Eva y yo nos miramos perplejas, ¡había sido tan corto! Eva dijo que se había quedado con ganas y mirándome lascivamente me confesó que le gustaba mucho. No me corté y le dije que estaba buenísima, así que empezó a besarme tiernamente, mientras acariciaba mis pechos. Me gustaba muchísimo, así que le pedí:

¡Más, más...! Entonces empezó a recorrer mi cuerpo con la lengua, hasta llegar a mi coño y lamerlo con gusto. Me metió un collar de bolitas de madera y creí que moría de placer. Nunca me había hecho eso una mujer, pero Eva superaba a todo lo que me habían hecho antes. Se lo dije y se acercó a besarme, frotando su coño contra el mío: ¡Qué gusto! Luego se dispuso a lamerme el clítoris lentamente, mientras tiraba del collar, que iba saliendo bolita a bolita ... Le dije que me iba a correr pronto y me respondió metiéndome un dedo en el culo. No lo resistí: las bolitas saliendo una a una, el dedo firme perforándome el culito y su lengua lamiéndome me hicieron tener varios orgasmos como nunca, cinco o seis veces.
Al terminar, Eva me agarró por los cabellos y me colocó la cara en su vagina. Empecé a lamer su clítoris erecto, metí la lengua por su coño, le lamí el agujerito del culo... ¡Eva estaba riquísima!

Saco de un cajón un consolador enorme y flexible, y pidió que me metiera un extremo. Lo hice y ella se lo metió por el otro, saltando como loca hacia mí. De pronto lo arrancó de mi vulva y me ordenó que siguiera lamiéndola mientras le metía el artefacto. Se corrió como nunca había visto correrse a nadie. Su vagina se convulsionaba en mi cara mientras el enorme consolador se lo metía aun más. Cuando acabó me agarró de los cabellos y me dijo al oído si quería ser su putita.

Le respondí mordisqueándole uno de esos grandes pezones, que aceptaba ser su putita si ella la mía. A la fecha seguimos teniendo las mejores relaciones lesbicas que se puedan imaginar y ocasionalmente salimos las dos en busca de una, dos o mas vergas para nosotras.

¡Esa es otra historia!

 
Por: Adriana