Tenía una vecina de unos 45 años, pese a su edad la señora estaba muy conservada y tenia un cuerpo hermoso, hasta hace un año, que había llamado mi atención, apenas había conseguido rozarla casualmente a la salida del ascensor y que siempre me había parecido una persona muy recatada e incluso tímida.

En todas las ocasiones en las que nos encontrábamos ya sea en la escalera o en el ascensor yo no podía dejar de admirar su escaso escote que sin embargo me parecía siempre muy sugerente por el tamaño de sus tetas, era más que evidente. Eso hacía también que intencionalmente como por descuido hiciera contactos entre mis brazos o espalda con su cuerpo que aunque escondido sentia que era grandioso. A medida que pasaba el tiempo me provocaba más y más morbo pues además de tener bonito cuerpo era una mujer con un bello rostro y que siempre iba muy bien arreglada aunque como ya he dicho no solía vestir de forma provocativa. Con el tiempo llegué a masturbarme cada vez que me la encontraba al llegar a casa. Todo seguía igual y sin que yo pensara hacer un intento de nada más, pues me daba la sensación de ser muy controlada, aunque para ella tenían que ser evidentes mis miradas y acercamientos casuales, hasta que un día pude descubrir con gran sorpresa y alegría por mi parte, que su atracción sexual hacia mí era muchos más de lo que yo pudiera pensar.

Una tarde volvía a casa tras una jornada de trabajo bastante estresante y pensando en tumbarme en el sofá y no hacer nada más que ver alguna película para relajarme, cuando me crucé con ella en la misma puerta de la escalera. Iba cargada de bolsas del súper y cómo no, me ofrecí ayudarla. No tenía ninguna intención de nada, pues me considero una persona educada y amable, pero al contestarme ella con gratitud y entrar en el ascensor ya tuve un pequeño encuentro con sus tetas que me empezó a poner dura la verga. Esta vez fue ella quien lo provocó aunque yo no sabía que había sido intencionadamente hasta ese momento. Subimos al ascensor y como no podía ser de otra forma observé por entre su ropa que ese día llevaba el escote más abierto de lo normal por lo que pude ver el inmenso canalillo que formaban sus tetas cuyos nacimientos formaban lo que parecían dos colinas muy empinadas y no pude evitar dejar de admirarlas cuidadosamente para que ella no se diera cuenta. Mi sorpresa llegó porque sin apenas darme tiempo ella había abierto la puerta de su casa y se metió indicándome que la siguiera y que colocara las bolsas en la cocina que estaba al final de un largo pasillo. Yo sorprendido y sin apenas tiempo para pensar la seguí, admirando ahora su culo que además nunca había podido observar tan bien y que me acabó de poner la verga durísima, pues su culo lo tenía duro y plantado como una jovencita. Creo que me hubiera dado lo mismo si no hubiera sido así, porque con sus tetas ya me tenía hecho un idiota. Pero aquí llegó la gran sorpresa, al llegar junto a ella a la cocina, dejó las bolsas en el suelo y me pidió que hiciera lo mismo.

Mientras yo lo hacía ella se dirigió directamente a la nevera y sin preguntarme saco dos cervezas, las dejó sobre la mesa de la cocina e inmediatamente se giró hacia mí, muy sensual y provocativa puso su mano en mi verga sobre el pantalón, sobándolo sin recato alguno y preguntándome que si tanto me gustaban sus tetas porque nunca le había dicho nada en lugar de mirarlas y arrimarme a ella. Mientras me seguía frotando la verga, me decía que hacia tiempo que estaba deseando que le metiera mano y que ese día iba a saciarse. Entonces mirándome a los ojos me desabrochó el cinturón y el pantalón y sin apenas bajarlo metió directamente su mano agarrando con fuerza mi verga y así me llevó a lo largo de todo el pasillo hasta dejarme frente a un sofá donde prácticamente me arrojó dejándome tumbado boca arriba. Sin palabras, se deshizo de mis pantalones y mi calzoncillo, mirándome acariciaba y besaba mi verga lentamente hasta que poco a poco la fue desapareciendo. Yo comencé a moverme arriba y abajo pues la excitación me tenía a tope y entonces ella se retiró un poco, mientras me miraba sonriendo yo no quería que sacara mi verga de su boca me fui girando hasta quedar de costado sin dejar de bombear. Ella apartó un momento su boca y me dijo que la penetrara, que le encantaría sentir mi verga, acto seguido me tomo los huevos y mientras me los acariciaba dejó que le metiera nuevamente mi verga en la boca mientras ella no hacía más que mirarme de una forma muy cachonda que me volvía loco pues parecía una viciosa bestial disfrutando como loca.

Yo no pude resistirme pues mi verga estaba que explotaba viéndola disfrutar. Entonces ella tan tranquilamente se levantó y me dijo que me invitaba una cerveza, se dirigió a la cocina para traerlas. Este pequeño paréntesis me permitió pensar que no estaba soñando y me di cuenta que debía aprovechar la ocasión o me mandaría a casa con una chupada, maravillosa eso sí y una cerveza. Aunque estaba muy excitado podía perder la erección sabía que en cuanto la tocara a ella, o ella mi verga, volvería a ponerse en forma. Así que me levanté tal y como estaba y la esperé en el salón a donde llego acariciándolo suavemente empecé a notar que sus suspiros se hacían profundos, entonces decidí que la iba a hacer gozar hasta que ya no pudiera mas, y le pregunté irónicamente que había dicho de tomar una cerveza. Entonces la llevé al sofá, la senté en el suelo apoyando su cabeza en él. Tome una de las cervezas y le dije que abriera la boca y fui derramando la cerveza sobre mi pene haciendo que goteara a su boca. No tardó mucho en querer acariciar mi pene para metérsela de nuevo en la boca, pero apenas me chupó dos veces la saqué y le dije: que yo también quería beber cerveza y que lo iba a hacer entre sus tetas. Junto sus tetas con una mano, y me fue sirviendo cerveza con la otra, metí la cara por debajo de sus tetas y comencé a chupar y chupar intentando recoger todo él liquido de la cerveza.

Después con la boca llena de cerveza la hice girar sobre sí para ponerme su vagina a mí alcancé y muy lentamente fui rociando con mi lengua toda la cerveza sobre sus labios. Empecé a chupar como loco y aproveché la postura para ir metiendo mis dedos por su vagina, notando que cuando hacia esto sus suspiros se convertían casi en gritos. Apenas esto se repitió, noté que se venia retorciéndose casi sin control. Estaba siendo una tarde maravillosa porque había estado con ella.....

Vecino Anonimo.